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Imagino que aquí tengo que contar algo sobre mi y sobre cómo sé las cosas que escribo aquí y que tengo que convencerte que soy un seductor inigualable.

Pues no. Soy de lo más normal. No ando conquistando mujeres por allí. Solo sé cómo funcionan estas cosas y te las expongo aquí a ver si las quieres leer.

Lo que pasa es que llegó un momento que he visto a tantos pobres hombres hacer las cosas mal que he decidido a poner la información en la Internet para que cualquiera pueda tenerla.

Pero si tienes un poco de paciencia te resumo como di con esto.

Cuando era adolescente tenía algo muy especial. Era un chico muy simpático. Y en el colegio eso era algo muy importante para con las chicas.

En un mundo como en el colegio, los hombres todavía estamos en una especie de punto de partida. Donde las chicas tampoco han terminado de desarrollar ese instinto por el hombre ganador. Al contrario, es el momento preciso para que se estrellen más de una vez.

Por lo que el atractivo físico y la popularidad parece asomarse como el único (o primera) característica del atractivo masculino que las mujeres puedes detallar en los hombres para catalogarlos como atractivos.

Y de eso yo tenía mucho.

Me llegaban cartas de admiradoras enamoradas, la chica del momento, la chica que conocía que era amiga de una amiga del salón. Encuentros en salones para caernos a besos. La paranoia loca cuando esa la hembra más característica del colegio entero me echaba ojos.

Problemas.

Me había acostumbrado a las muchachas bonitas. A esas mujeres que te quitan el aliento. A esas que parecen que la sacan de un cuento de princesas. De esas que no sabes si son seres de otros mundos. Cuyas miradas son armas de manipulación que paralizas a muchos.

¿Pero por qué problemas?

Terminé de desarrollarme. Vinieron los acnés que hasta el Sol de hoy todavía me acompañan. Bigotes raros. La cara un poco más larga. Total, ya no era un Tom Crouse como acostumbraba a compararme yo mismo.

Pero me siguieron gustando las mujeres hermosas. No lo podía evitar. He tratado de remediarlo. Pero mis gustos siguen allí.

Entonces creo que eso habrá sido lo que me impulsó a buscar maneras. A saber, leer, qué se yo. Cualquier cosa que me ayudara a entender a las mujeres lo agarraba para mi.

Luego el resto es otra historia…

Pero sigamos.

Te podría contar que vino un tibetano y me dio en la mano los secretos ocultos de la sabiduría humana y ahí estaba todo.

Pero no te voy a inventar cuentos grandiosos.

La verdad es que he leído hasta el cansancio. No por el tema de las mujeres. He leído de todo. También comparo las cosas y cuestiono todo.

Y en algún momento he dado con las cosas a punta de ensayo y error. Hasta que llega un momento que los ensayos ya no dan errores.

Luego comparo comportamientos y gualá. Las cosas empiezan a corresponde.

Las pongo en práctica y siguen dando los resultados esperados.

Total, que me he hecho con todos los detalles con los que hay que hacerse para poder conocer al detalle el comportamiento femenino. Por qué ellas son como son, por qué se comportan como lo hacen y todo eso.

Al punto que cuando veo a las parejas identifico si una chica está a gusto con el hombre con quien está. Detallo si una chica está pendiente de una pareja. Detallo las reacciones que una chica va a tener de determinado evento. Total, todo me cuadra.

Ahora, voy a tratar de escribir sobre todas esas cosas a ver si ayudo un poco.

Ya los tiempos en que solíamos decir: «no entiendo a las mujeres» se acabaron. Se acabaron desde el momento que estás en esta página Web.

Brigzen Coronado